Las Meninas. ¿Velázquez - Madrid? ¿De dónde salen?

La palabra “menina” vienen del portugués y quiere decir niña, haciendo referencia a una mujer perteneciente a la nobleza, menor de 17 años de edad, que entraba en Palacio a servir a la reina y las infantas, siendo su función la del cuidado o el resguardo de ellas. 

¿Y qué tienen que ver con Velázquez y su cuadro?

Pues el famoso cuadro no siempre fue conocido como Las meninas, sino que su título fue cambiando a lo largo de los años:

  1. en el inventario del Alcázar de 1666 se menciona como Retrato de la señora emperatriz con sus damas y una enana y de esta misma forma aparece en los inventarios sucesivos hasta el año 1700.
  2. tras el incendio del Alcázar en la Nochebuena de 1734, aparece citado como La familia del Señor rey Phelipe Quarto 
  3. en el nuevo Palacio Real se le titula unánimemente La familia.
  4. no será hasta el año 1843 cuando en el catálogo del Museo del Prado, redactado por Pedro de Madrazo, aparezca por primera vez con el título de Las meninas.

El reconocimiento internacional de Las meninas fue tardío, debido, en parte, a que siempre estuvo a resguardo de la contemplación pública, en un espacio perteneciente al más estricto ámbito privado de palacio, en el despacho del rey.

Fue a partir de la fundación del Museo del Prado, el 19 de noviembre de 1819 cuando el cuadro pudo ser contemplado en público y copiado por estudiosos y artistas. Más tarde, el desarrollo de la corriente naturalista preimpresionista hizo interesarse por la pintura de Velázquez a una serie de pintores entre los que se encontraba Manet, quien lo calificó de «pintor de pintores». En resumen, el reconocimiento de Velázquez coincidió con el desarrollo del arte europeo de fin de siglo y paralelamente al redescubrimiento internacional del artista se produjo el de Las meninas.

El interés contemporáneo sobre la significación de Las meninas no se limitó al campo de la investigación y la crítica, sino que se trasladó al de la práctica por algunos de los más insignes pintores del siglo XX, entre los cuales cabe destacar a Pablo Picasso, que realizó, una serie completa sobre dicho tema.

Y en el siglo XXI también nos unimos al interés por este cuadro, pero de otra manera: ¡lo sacamos a la calle! Gracias a la exposición callejera de Meninas que se celebró en el año 2018 y en este año 2019 en Madrid.

Como curiosidad, existe un desorden psiquiátrico propio: el Síndrome de la Fatiga de Las Meninas (SFLM), que padecen algunos investigadores que se pasaron buscándole el sentido al cuadro.

Sea la interpretación que sea, Velázquez nos mete de lleno en la pintura y nos invita a jugar, a pensar, a descifrar lo que está sucediendo justo en ese instante congelado en el tiempo como una fotografía. De hecho, muchos consideran a “Las meninas” precursor también de la fotografía ya que capta un instante congelado de una manera más “fotográfica” que “pictórica”. 

¿Y el vestido?

Si bien el traje ha servido de manera habitual como vehículo de manifestación de las diferencias de clase y de estatus social, en el Barroco esta diferenciación resultaba especialmente significativa, ya que la utilización de las diferentes indumentarias creaban un lenguaje visual legible en una cultura muy estratificada donde cada uno ocupaba un rol particular explícito por su vestimenta, y así mismo mostraba a la corte en “una serie de leyes y costumbres que tenían por objeto señalar las jerarquías entre los servidores y separar la persona del rey de sus vasallos por medio de un complicado ceremonial llamado Etiquetas de Palacio” .

Una vez cumplidos los 8 años se dejaba el vaquerillo (el traje tanto para niños como niñas) y pasaban a vestir con la misma indumentaria que la de los adultos. Así que en Las meninas asistimos a la representación de una infanta real que viste la indumentaria de persona adulta, y en la que Velázquez desdibuja intencionadamente la imagen protocolaria mostrándonos a una Margarita más relajada, en una pose más informal, casi de juego y por lo tanto una imagen más personal e íntima.