Hoy os propongo un viaje en el tiempo: “La historia de la barbería”

Hace 30 mil años, sólo los sabios y los que tenían mayor valoración en las tribus eran quienes cortaban el cabello y el vello facial. Los mechones del pelo se utilizaban también como amuletos y objeto de embalsamamiento, ya que desde el principio de la humanidad, el cabello se consideraba como la residencia del alma y como objeto mágico de gran valor.

En la Antigua Grecia, el oficio de barbero era extremadamente popular, ya que era en la barbería donde los hombres se reunían para cuidar sus barbas y filosofar sobre la vida y sus facetas políticas y sociales. En esta época se originaron los primeros cosméticos elaborados, como bálsamos, aceites para barbas, perfumes y pomadas fijadoras y también el concepto de la belleza y la estética.

Fue Ticinius Mena, un senador romano del año 269 ac que, encantando con la función social de los barberos, decidió trasladar a Roma este oficio. Aquí comenzó abrirse el mercado, y los barberos no solo se atrevían con el pelo, sino que también hacían extracciones dentales.

Continuaron así hasta el siglo XIII, donde la figura evolucionó a Cirujano-Barbero. En esta época, el barbero no se limitaba a rasurar barbas y cortar cabellos, también realizaba extracciones dentales, llevaba a cabo sangrías y realizaba cirugías de poca envergadura (amputaciones, enemas, arreglaban roturas, extraían piedras del riñón, trataban heridas, drenaban forúnculos o formulaban ungüentos)

Fue en esta época donde apareció el famoso poste rojo, blanco y azul que se ve en las puertas, el Barber Pole.

En la edad media se pensaba que muchos dolores o afecciones se debían a un exceso de sangre que contribuía a tener peor humor y enfermedades, así que acudían al barbero-cirujano a que les hiciera una sangría.

Durante las sangrías, los pacientes se sujetaban a un poste para facilitar la salida de la sangre, que fluía por el palo hasta una palangana situada en la base. Y al terminar su trabajo, los barberos enrollaban las gasas ensangrentadas en los postes para ponerlas a secar, así se veía el color rojo por las vendas usadas y el blanco por las no usadas..

De esta manera, la población, en su mayoría analfabeta, al ver los postes blancos con esas bandas rojas enrolladas de esa manera, sabían que había un cirujano barbero.

¿Y el azul? Ya os lo cuento, ya os lo cuento, no seáis impacientes:

El color azul apareció más tarde.

En 1745 en Inglaterra, bajo el reinado de Enrique VIII, barberos y cirujanos fueron separados como oficios independientes y para distinguirse unos de otros, se acordó dejar el rojo y blanco para el recién creado Colegio de Cirujanos y añadirse el color azul para los barberos.

Y una cosita más que hemos aprendido y que nos acordaremos al ver el poste cuando vayamos paseando por la calle.