¿En qué pueblo medieval podemos encontrarnos un restaurante Michelín?

Belcastel es un pueblo medieval a orillas del río Aveyron, considerado como uno de los más bonitos de Francia. Cuenta con un castillo del siglo XI y un puente del siglo XV y todo el pueblo se encuentra rehabilitado tal como era en la alta Edad Media.

Historia de Belcastel

Hoy en día Belcastel es muy pequeñito y tan sólo cuenta 50 habitantes censados, aunque se tiene constancia de asentamientos en la zona desde el siglo V, pero no fue hasta el año 1040 cuando comenzó la construcción del castillo y con ello la construcción de algunas casas y viviendas  a sus pies y el consiguiente desarrollo de la zona. En esta época el paso a través de la localidad implicaba el pago de un peaje, lo que impulsó económicamente su crecimiento. De hecho, a un kilómetro de distancia podremos encontrar “Le roc d’anglars” un recinto arqueológico situado sobre un promontorio rocoso que tenía función defensiva a la vez que de almacén de los productos alimentarios recabados como peaje.

Originalmente fueron los Señores de Belcastel quienes construyeron el castillo-fortaleza. Desde ahí protegían a los habitantes del pueblo y controlaban el río Aveyron. Durante las Cruzadas del siglo XIII, los Señores de Belcastel se arruinaron y el castillo fue confiscado por el rey Raymond IV de Toulouse, y luego ocupado por unos bandidos durante tres décadas, hasta que el Rey de Francia ofreció 300 florines a cambio de recuperar el castillo. En su retirada, los bandidos fueron aniquilados por las tropas del Rey, que recuperó también los 300 florines. 

Jean III de Armagnac utilizó entonces el castillo como bastión militar durante el fin de la Guerra de los Cien años contra Inglaterra y culminado el desalojo inglés, regaló el castillo a uno de sus caballeros, Guillermo II de Saunhacs, pasando a manos de Saugnac-et-Cambran. Él, y sobre todo su hijo Alzias, transformaron el castillo en una agradable vivienda, construyeron el puente y la iglesia del pueblo, recuperando el pueblo su esplendor. 

A finales del XVI fue nuevamente abandonado por los herederos, hasta que cien años después se vendieron sus ruinas por el equivalente a 300 euros. La nueva propietaria lo compró para vender los marcos de puertas y ventanas, sus piedras, viejas tejas, etc.


A finales del siglo XVIII la población perdió importancia y sus habitantes abandonaron el castillo, que quedó con el paso del tiempo en ruinas.

En 1928, el Ministerios de Cultura lo clasificó como monumento histórico y el espolio terminó. Pero para entonces poco quedaba del precioso castillo-fortaleza. 

En 1973 el arquitecto francés Fernand Pouillon descubrió el pueblo y quedó maravillado con su castillo hasta tal punto que decidió comprarlo (por 150.000 francos, unos 20.000 euros) y comenzó a restaurarlo, preservando su aspecto original. Esta iniciativa animó también a los habitantes del pueblo a restaurar el resto del municipio, y durante 8 años fueron poco a poco renovando el pueblo y el castillo. Gracias al esfuerzo de todos, el castillo y el pueblo recobró su aspecto original, el cual se mantiene así hasta nuestros días.

Lamentablemente Pouillon murió antes de ver terminada su obra y hoy en día se encuentra enterrado en el cementerio de la iglesia, tal y como él quería .

En 2005 el castillo fue nuevamente vendido a un matrimonio de artistas norteamericanos, quienes abren sus puertas desde abril hasta noviembre. En su interior, un restaurante, un  hotel y tres niveles de salas de exposición presentan artesanías de antaño realizadas por herreros, fabricantes de zuecos, pescadores, así como una interesante colección de armaduras medievales

En Belcastel también nos encontramos con el Restaurante Hotel  Vieux Pont, el cual está galardonado con una estrella Michelín

Belcastel forma parte del proyecto Le Meridienne Verde, el cual se llevó a cabo para celebrar el año 2000 y consistió en plantar árboles a lo largo del Meridienne de París, (una línea imaginaria inventada al final del siglo XVIII, la permitió establecer el sistema métrico actualmente en uso en todo el mundo) que va desde Dunkerque, en el norte de Francia, hasta  hasta Barcelona. Este meridiano verde se ha imaginado como un símbolo de unidad en torno a los árboles, la naturaleza y también la ciencia.

En total, en casi 1,000 kilómetros,  336 ciudades o pueblos y 8 regiones de Francia se vieron afectadas por este hito en las celebraciones del cambio del milenio

Belcastel bien merece una visita y disfrutar de las esculturas que se encuentran por todo el pueblo