Cerdeña

Quienes escogen Cerdeña como destino, lo hacen atraídos por sus 300 días anuales sin lluvia, sus increíbles playas de color turquesa y verdes totalmente transparentes y sus blancas arenas, pero una vez allí, descubren que además hay mucha historia, ciudades de aire provinciano, como Cagliaria o Sassari, enclaves refinados, como la costa Esmeralda, y una gran riqueza histórica y arqueológica. 

Cerdeña es la segunda isla más grande del Mediterráneo, después de Sicilia y se encuentra entre Córcega, Túnez, Baleares e Italia. Es por esta estratégica situación la que la ha llevado a ser habitada por multitud de pueblos, quienes además fueron originando su nombre: fue llamada “Shardan/Sharden” por los fenicios; “Ichnusa” (forma de huella de pie) por los griegos y “Sandalyon / Sardinia” por los romanos, que tradujeron la palabra griega.

En la actualidad viven alrededor de 1.700.000 habitantes, todos concentrados en grandes pueblos, así que la isla resulta virgen y llena de paisajes naturales de mar y montaña. 

Conozcamos un poco su historia, que se inicia hace 14.000 y engloba a fenicios, cartagineses, romanos, españoles, austriacos, genoveses e italianos. 

Desde el siglo XVI – IX a.c. se desarrolló la cultura nurágica, la cual es el pilar de la cultura sarda. Su legado más importante, y repartido por todo Cerdeña (hay más de 7000), son las nuragas, torres redondas realizadas en piedra con una altura de 20 metros. 

Los fenicios fueron los que introdujeron la escritura en Cerdeña y entraron en contacto con la isla porque era donde sus navegantes pasaban la noche o reparaban sus embarcaciones mientras realizaban sus rutas comerciales con Europa, y sobre todo con Gran Bretaña. Poco a poco comenzaron a establecer poblaciones permanentes en la costa (tenían un acuerdo con las tribus locales, quienes a la vez se beneficiaban del comercio que hacían los fenicios), y también, poco a poco fueron intentando conquistar la isla, lo que tardaron 22 años en hacer, aunque para ello tuvieron que pedir ayuda a los cartaginenses.

Los cartaginenses decidieron aceptar ayudarles porque era una forma de tomar la isla y continuar su lucha por el mar Mediterráneo contra Grecia, que se habían asentado en Córcega y a la vez impedir el avance de Roma, con quien habían realizado un trato de no atracar en Cerdeña excepto en ocasiones forzadas, como una tormenta o una batalla, pero llegó el final de la primera guerra púnica y Roma aprovechó la debilidad cartaginense y las sublevaciones de los mercenarios sardos para conseguir Cerdeña, que les fue cedida bajo amenaza de invasión en el 238 A.C.

¿Y así se quedaron los cartaginenses? ¿Un pueblo guerrero se cruza de brazos tan fácilmente? No, no, en el 215 a.c. se unieron con los sardos para expulsar a los romanos de la isla, pero el día de la batalla sufrieron una tempestad y llegaron tarde, por lo que los sardos tuvieron que enfrentarse solos a los romanos, que les superaban en número, y lograron triunfar sobre esta insurrección.

Cuando el imperio romano empezó a decaer, aparecieron los vándalos, pueblo de origen germánico, que querían el control del Mediterráneo y ya habían conquistado el norte de África. Roma les cedió parte de sus territorios de África del Norte y así fueron a Cerdeña. Los capitanes vándalos reinaron como gobernantes absolutos y por eso la época medieval no fue una época de feudalismos, si no, de gobierno de señoríos. 

Después pasó a ser bizantina, ya que este Imperio se anexó los territorios que pertenecían a los vándalos. El dato más relevante de la dominación bizantina fue la conversión completa de los sardos al cristianismo. El Imperio empezó a decaer y fue aprovechado por los árabes, que aunque estuvieron allí 70 años, no consiguieron conquistarla. 

En 1015, el Papa Benedicto VIII solicitó ayuda a las Repúblicas de Pisa y Génova para defender Cerdeña del islam, quienes se encontraron una isla organizada en juzgados, Logudoro, Gallura, Arborea y Calaris. 

Cobra especial mención Leonor de Arborea, conocida como la Juana de Arco sarda o la Boudicca. Era la reina del juzgado de Arborea y la soberana más influyente, la cual todavía encarna el espíritu de lucha de los sardos y símbolo de la resistencia sarda contra los pisanos, genoveses y aragoneses. 

En 1297 el Papa Bonifacio VIII creó el Regnum Sardiniae e Corsicae y se lo cedió a los catalano-aragoneses a modo de incentivo para que renunciaran a Sicilia. Cerdeña, aunque estaba en manos de la nobleza catalana, aragonesa y valenciana, tenía un estatus privilegiado dentro de la Corona, ya que dependía directamente del Rey. No os extrañéis si en Alguer oís hablar catalán, ya que fue su lengua oficial y yo en día se continúa hablando. Con la muerte sin descendencia de Carlos II en 1700, Cerdeña se quedó a la merced del mejor postor. En este momento es cuando aparecen los ingleses, holandeses y austriacos. 

Fue en 1718 cuando el Duque Amadeo II de Saboya intercambió con Austria la isla de Sicilia por Cerdeña, dando origen al Reino de Cerdeña. 

Fue después de la primera Guerra Mundial cuando Italia se anexionó territorios austriacos y pasó Cerdeña a manos italianas. 

¿Y de qué vive Cerdeña? 

No sólo viven de turismo, aunque es su principal actividad. El sector primario también es muy importante, sobre todo la cabra y la oveja, por eso tienen tanto queso y los vinos sardos son muy famosos.

Cuando pensamos en isla, pensamos en mar y en pesca, pero en Cerdeña a penas se da. 

A nivel industria, tiene empresas de corcho, químicas y petroquímicas, pero lo más importante durante los últimos casi 3 siglos ha sido la minería, de carbón, oro, plomo y zinc. Debido a la revolución industrial, en 1860 ya existían 476 minas en la isla y llegó a producir el 10% del cinc mundial. Hoy en día el suroeste de la isla está repleto de pozos vacío y minas abandonadas; y también de los edificios administrativos. ¡No os perdáis el ir a verlas!

Cuando vas por las carreteras en sus puentes te encuentras un mismo graffiti “Manu invisible”. No paré de preguntarme quién es y porqué.

El arte mural en Cerdeña está muy extendido y nos encontramos pueblos con calles repletas, donde las diferentes escuelas de arte van plasmando sus pinturas sobre la vida cotidiana o sobre cosas que reivindican y Manu es un ejemplo. Lo curioso de este artista es que esconde su rostro bajo una máscara.

En Cerdeña también encontramos una de las antiguas formas de polifonía vocal, el cantu a tenore y un instrumento milenario único, el launeddas (3 cañas de junco unidos con cera de abejas) que produce distintas melodías. 

¿Y qué podemos ver? 

En Cerdeña se encuentran algunas de las mejores playas del Mediterráneo. Las más bonitas son Cala Luna, Capo Camino y Cala Sisina, entre rocas y alcantilados. Las más accesibles son las de Santa Margherita di Pula, Chia, Villasimius y la Costa Rei. Si queremos algo exclusivo de alto estanding, a la Costa Esmeralda hemos de ir. 

Si te apetece algo diferente, en el pueblo de Fordongiànus puedes tomar un baño termal en plena naturaleza , coger el tren que recorre la región de la Barbagia y ver paisajes inolvidables o subir a la Punta La Marmota, donde después de 4 horas de caminata te espera unas vistas de un paisaje soberbio desde sus 1.834 metros. 

Las ruinas de Nora son un buen ejemplo de la presencia romana en la isla, conservando restos que bien merecen una visita. 

Y si quieres conocer la cultura nurágica, acércate a las ruinas de Palmavera o de Barumini. 

No debes dejar de visitar la Grutta di Nettuno, a donde puedes acceder en barco desde Alghero o a través de sus 600 escalones. Tiene estalactitas y estalagmitas calcáreas de más de 5000 años. 

La pasta y la pizza también aquí tienen presencia, pero si te apetece algo diferente, prueba la pizza frita y los raviolis fritos cubiertos de miel.

Ahora ya lo sabes, si buscas un viaje que te deje sin respiración y donde puedas tener todo a la vez, playas paradisíacas, historia, ambiente y buena comida, pon rumbo a Cerdeña.